Y entonces Leontina le dijo: “Enseña aquello que quieres aprender”. Y, para sus miedos, todavía añadió: “Es mejor que tengas dudas. Así no te volverás dogmático”.
Muy efusiva, le dio las gracias. Al rato sus palabras no fueron más que ecos desvanecidos entre los pliegues de su memoria. Sólo tiempo, mucho tiempo más tarde recordaría lo que una vez le hubo dicho. Pero esa fue otra historia.
